Todo el racinguismo conoce la desagradable noticia de las acusaciones de insulto racista al jugador del Rayo Cantabria Diego Fuentes. Por supuesto no vamos a juzgar su inocencia o culpabilidad; ni estamos capacitados, ni es nuestra misión. Vamos a opinar sobre, lo que a nuestro juicio es, la absoluta desproporción según la índole del improperio a castigar.
Hay en la actualidad tres ofensas a las que se da una importancia mayúscula: xenófobas, machistas y racistas. A quien cometa el desatino de proferir una de ellas, le va a caer encima, ya no el peso de la justicia –que también- si no una crítica social feroz, continuada e insultante. Si la injuria es de cualquier otro tipo las consecuencias serán mínimas, incluso inexistentes.
Estamos en contra de cualquier insulto, todos deben ser tratados con la misma medida. Recordemos que se puede suspender un partido por esas circunstancias, pero no por otro tipo de afrentas.
Si te acuerdas de la madre que parió a un jugador de raza negra, o blanca, no pasa nada. Ahora, como la frase tenga un tinte racista … se te puede caer el mundo encima. Lo mismo pasa si te acuerdas igualmente de la progenitora de una juez de línea, o le dices una impertinencia machista. Nos hacemos una pregunta: si un negro insulta a un blanco por razón de su raza, ¿sería considerado racismo?
Ya ha dedicado en la prensa local minutos y minutos sobre el tema de cabecera… y lo que queda. En Aranda de Duero, en un partido de cadetes, un padre saltó al campo, propinó un puñetazo al árbitro dejándole inconsciente unos minutos y tuvo que ser trasladado a un hospital. ¿No es mucho más grave? Opinamos que sí, pero claro, como no es un tema machista, ni xenófobo, ni racista, no lo parece. Son delitos de moda, una moda que ya sabemos quién la impone. No nos dejemos manipular. Todos los insultos son igual de censurables y por ello deben ser parejamente perseguidos y castigados.