Una vez tuve un sueño, que las SECCIONES INFERIORES DEL RACING tuvieran el apoyo que una entidad con las características tan peculiares que tiene, recibiera el apoyo necesario, no solo económico, sino el más importante, que simplemente es saber qué pretendes con ella. Esto empezó a ser una realidad en la temporada 2001/2002, pero la venta de las acciones del Racing a Piterman le truncó, duró muy poco.
Hace ya unos años estuve en una conferencia que ofreció Luki Iriarte, Director del Fútbol Base de la Real Sociedad de San Sebastián. Posiblemente haya sido la mejor conferencia de fútbol a la que he asistido, aunque no quiero obviar la otra que impartió, más recientemente, el actual director deportivo del mismo equipo, Roberto Olabe. En ellas dejaban muy claro que la afición ocupaba un lugar preeminente, es decir, de lo que se trataba era conseguir que el espectador disfrutara. Para ello tenían que formar jugadores que florecieran con la suficiente calidad para que fueran capaces de sustentar al equipo, que además, los presupuestos económicos se pudieran adaptar a una ciudad semejante a Santander pero, al mismo tiempo, siendo conscientes de la necesidad de contar con jugadores foráneos que aportaran un plus de calidad. Por todo sus secciones inferiores tienen una gran relevancia, siendo probablemente el segundo lugar en la escala de valores del club.
Que el Racing pudiera tener un objetivo como éste, para mí, representaría tener opciones de poder conseguir las metas que ellos han alcanzado, y lo más importante, que nuestro club tuviera visos de futuro, ya que nunca podremos llegar a objetivos económicos como los que pueden tener los equipos de las grandes ciudades, es decir, nos vemos obligados a formar en vez de a comprar.
Lo que explicaron representaba la recuperación de la quimera perdida para mi equipo, para mi Racing, en el equipo que siendo un niño lo único que deseaba era poder entrenar en aquel campo, lo de jugar, sabía que era prácticamente imposible de conseguir.
Con el paso del tiempo llegué a conseguir mis sueños en cuanto a jugar o formar, pero por desgracia dejé el fútbol sin ver una posibilidad remota de futuro para mi club. La base del club era obviada, se tenía porque era una obligación más que una devoción, Volver a ver a 12 jugadores formados en la cantera del Racing en un partido de Primera División (At. Madrid 0 – Racing 1) era demasiado pedir, pero ver a 11 jugadores foráneos en 2ª B era una sinrazón. Demasiadas cosas se estaban haciendo mal.
Hace muy poco cayó en mis manos una larga charla que daban los dirigentes de la base del Racing a los técnicos y demás personal del C. D. Laredo (equipo con el que está convenido). No podía creer aquella explicación. Por fin nuestro club tenía un compromiso basado en la situación de nuestra envergadura como sociedad deportiva, emplazando como base primordial a la persona más que al jugador y apoyándose en la realidad estadística, que es que la mayoría no llega a tocar el fútbol profesional (aproximadamente el 0,6 % si mal no recuerdo), pero no despreciando lo más mínimo la posibilidad de volver a tener un elevado número de jugadores formados en la base.
Por todo lo comentado, animo a que los dirigentes no se metan en donde los profesionales son sabios; a que los avatares de las competiciones no les hagan modificar el rumbo, que mantengan su idea, que sean consecuentes con lo que, “si hoy es bueno, mañana también”, independientemente de los resultados de cada partido.
Espero y deseo llegar a ver cumplir el sueño que unos pocos llegamos a tener hace ya demasiado tiempo.