Peineta a la Afición

La composición de la nueva directiva de la RFEF da lugar a varios análisis, y ninguno positivo.
En primer lugar que una persona condenada –no imputada, condenada- pueda ser candidato a cualquier puesto, es un baldón para legislación española. Si la sentencia al Sr. Louzán es ratificada por el Tribunal Supremo, que imagen dará España al mundo futbolístico?, y no es que la UEFA o FIFA sean “mirlos blancos”, pero esto es ya demasiado.

Luego tenemos la composición de la Directiva con treinta miembros –me niego a decir y miembras- , todos ellos nombrados a dedocracia, demostrando ser un chiringuito de amiguismos, politiqueismo, enchufismo y demás “ismos”, donde el futbol queda relegado a un segundo plano. Lo de la paridad es una broma de mal gusto; las mujeres que en muchas actividades igualan y superan la capacidad del hombre, en el balompié, por una simple cuestión de experiencia –que no olvidemos, es la madre de la ciencia- están ahora mismo por detrás y esa absurda
paridad es un guiño a los poderes políticos, al fin y al cabo, un guiño al poder.

Pero peor aún –que ya es decir- no es esto, es que en ese chiringuito, tan numeroso, no haya habido lugar para un representante de la Afición, ¡¡ojo, uno entre treinta!!; pero todavía hay más: salvo que el Sr. Louzán haya vivido la última década en la estrella Andrómeda, debiera saber que el Sr. Tebas, nombrado Vicepresidente, es “persona non grata” de los aficionados, con lo cual ha hecho una doble “peineta” a los que sostienen todos los chiringuitos creados en torno a futbol. Sin la Afición no habría nada, todo se vendría abajo. Las televisiones pagan lo que pagan por que
tienen anunciantes, que les interesa aparecer por el gran seguimiento de espectadores; lo mismo pasa con los spots en los estadios; las ventas de camisetas, de entradas o abonos. Todo  absolutamente todo: salarios a profesionales, representantes, directivos de los diferentes entes, sale de los bolsillos del aficionado, y sin embargo, nos ningunean; nos dictan normas que, a mi modo de ver, incluso vulneran derechos fundamentales como la Libertad de Expresión; nos ponen al cuello un collar y una campaña. El día que los aficionados digamos ¡¡basta ya!!, el futbol volvería a ser lo que nunca debió dejar de ser, un deporte-espectáculo hecho para el pueblo y caminando juntos de la mano, sabiendo que uno depende del